El pacto que Luis, su padre desaparecido, hizo con su mejor amigo Jorge Todesca

Cecilia Todesca Bocco: la historia de la funcionaria con dos padres

La sonrisa y los rulos, que no le parecen suficientes porque sueña «con tener el pelo afro» son su marca en el orillo. Es divertida y vital y dice que tal vez haya heredado ese rasgo de su madre. Pero la vida de Cecilia Todesca Bocco no fue sencilla. Su padre biológico, el sociólogo Luis Bocco, pertenecía a la organización Montoneros y fue asesinado en 1975, a los 27 años, en la denominada «Masacre de Campana«. Como sabía que ése podía ser su final, había hecho un pacto con su mejor amigo Jorge Todesca, que aunque terminó frente al Indec durante el macrismo, en los 70 ya escalaba posiciones dentro del peronismo revolucionario: si él caía en combate, su mejor amigo tendría que cuidar a sus dos hijos y a su mujer. Todesca cumplió con su palabra y formó pareja con Alicia, la mamá de Cecilia, que tenía 4 años cuando mataron a su padre biológico. Pasó su infancia en el exilio, en México.

De adultos Cecilia y Jorge tuvieron diferencias ideológicas, pero lo último que dijo  Todesca dos días antes de que ella asumiera fue que su hija estaba «muy capacitada». En febrero, falleció.

–¿Cómo procesó la historia de sus dos padres?

–La muerte de Luis Bocco sucedió cuando yo tenía cuatro años, con lo cual no tengo recuerdos de ese momento. Pero sí recuerdo que mis hermanos y yo éramos niños muy sobreadaptados. Mi mamá me miraba y yo sabía perfectamente lo que tenía que hacer. Y muy prontamente ella hizo pareja con Jorge y nos fuimos a vivir a México. El exilio no fue traumático: hice toda la primaria ahí y me adapté muy bien. De hecho, me costó volver. Cuando mis padres decidieron regresar a la Argentina, yo tenía doce años y  me parecía un lugar de gente que hablaba con un tono muy altisonante (además yo hablaba con tonada mexicana, por supuesto), pero tenía 12 años y no estaba en condiciones de disputarles esto a mis padres. Pero mi mamá me decía para convencerme: vas a poder viajar sola, los helados no son bochitas; son los helados más grandes del mundo y los bañan en chocolate y se usan minifaldas, «no sabés cómo se visten las chicas en Buenos Aires».

–¿Y fue así para usted?

–Sí, un poco era así. Buenos Aires era una ciudad más integrada, menos machista, empecé a viajar así que de esas idas y venidas no tengo ningún recuerdo feo.

–Lo del pacto entre Bocco y Todesca es muy conmovedor…

–El mundo de los 70 es otro mundo: las cuestiones de la lucha armada, la violencia política, la proscripción del peronismo, los sucesivos golpes. Algunas veces hice preguntas respecto de cómo se llega a ese tipo de militancias muy extremas. Bueno, eran contextos completamente distintos.  Y había entre los militantes un grado de solidaridad muy elevado, pero que tenía que ver con que se te jugaba la vida en estas cosas. Mis padres tenían amigos cuyos nombres reales no conocían. Lo distintivo del caso de mi familia es que pudimos funcionar como una familia. Tengo otro hermano, que es hijo de Jorge y de Alicia y siempre funcionamos como una familia ensamblada.

–¿Y por qué decidió incorporarse el apellido Todesca?

–Es que hasta la mitad de la carrera de Economía yo me llamaba Cecilia Bocco, y legalmente mi padre Jorge Todesca no tenía ningún derecho sobre nosotros ni nosotros sobre él. Siempre mi viejo decía: «cuando yo ya no esté, no van a poder heredar nada«. Fue toda una discusión. Cambiar de nombre no es algo sencillo. El nombre es algo muy, muy fuerte. Y hubo un juicio de adopción: el juicio que hicimos mi hermano y yo se llama de «adopción simple», pero de simple no tiene nada. Pone el apellido de la persona que te adopta en primer lugar y el apellido de tu familia biológica (con quien vos no perdés vínculo) en segundo término. Me acuerdo de que en la universidad me cambiaron el nombre y generaba confusión entre mis compañeros. Pero  también fue una cosa muy importante para Jorge, mi padre, que durante toda su infancia no pudo firmar un boletín. Hay que retrotraerse: cuando yo era chica no había patria potestad compartida.

–Él falleció en febrero, pero días antes de la asunción del Frente de Todos tuvo palabras muy elogiosas para vos, a pesar de que estaban en veredas políticas opuestas. ¿Cómo era eso?

–Él estaba muy orgulloso de mí, yo de él y nos matábamos. A veces  digo en chiste: «yo viví adentro de la grieta«. Como en muchas familias argentinas, había posiciones diferentes y hubo distinto tipo de momentosMi padre era muy honesto, con una vocación fenomenal para le gestión pública y algunas de las cosas que me disputaba me parecía que correspondía escucharlas y otras no porque eran de orden ideológico.

La charla va redondeando. En el escritorio de Todesca Bocco hay frutas frescas y secas. Este diario le pregunta si le interrumpió el almuerzo. «No, esto es para más tarde, yo ya almorcé. Saltear comidas, no. Tampoco la pavada», dicen entre risas antes de irse a la próxima reunión de un día que, como todos, será largo.

Pero Todesca Bocco está acostumbrada a las jornadas largas: cuando estudiaba en Columbia, en Estados Unidos, tantas horas que no sabía qué hacer con su estrés, empezó a a hacer prácticas boxeo para descargar un poco la energía. Eso sí: aclara que no lo hizo seriamente. Que la que realmente sabe boxear es Silvina Batakis, la secretaria de Relaciones con Provincias del ministerio del Interior.

 

Fuente: Página 12.